Caos y terror, tras encallar crucero en Italia

PORTO SANTO STEFANO, Italia (AP) — El primer tiempo de la cena estaba recién servido en el comedor del Costa Concordia, cuando las copas de vino, los tenedores y los platos llenos de calamares y setas se vinieron estrepitosamente al suelo.

En el espectáculo de magia que se ofrecía dentro del teatro, los botes de basura se volcaron y los telones comenzaron a bambolearse. Luego, los pasillos se fueron empinando y los pasajeros debieron gatear, con las rodillas amoratadas, en medio de la oscuridad.

Otros simplemente saltaron a las frías aguas del Mediterráneo.

Tres personas murieron en el desastre. El diplomático peruano José Betancourt dijo a The Associated Press por teléfono desde la embajada en Roma que un ciudadano de ese país falleció. Lo identificó como Tomás Alberto Costilla Mendoza, de 42 años.

Francia informó que dos de las víctimas eran originarias de esa nación.

Y los rescatistas que entraron el sábado al barco en busca de los desaparecidos hallaron a dos sobrevivientes por la noche, dentro de un camarote. Ambos estaban en buenas condiciones, según medios italianos. Se desconocía el destino de otras 40 personas.

El escape desde el lujoso crucero de línea, en medio del terror y el caos, pareció sacado de una escena de "Titanic", según recuerdan muchos de los más de 4.000 pasajeros y tripulantes del navío, que encalló el viernes por la noche frente a las costas italianas y quedó totalmente recostado sobre estribor, con un boquete de unos 50 metros (160 pies) en el casco.

El encallamiento del Concordia, ocurrido la noche del viernes 13, fue uno de los más aparatosos accidentes navieros en fechas recientes. Y de la tragedia se desprenden varias preguntas:

¿Por qué el buque encalló en un arrecife tan cercano a la isla toscana de Giglio? ¿Una falla eléctrica ocasionó que la tripulación perdiera el control de la nave? ¿Acaso el capitán, ahora detenido e investigado, llevó el barco intencionalmente en la dirección errónea? ¿Por qué los tripulantes insistieron ante los pasajeros en que no corrían peligro incluso cuando el buque comenzó a inclinarse peligrosamente?

Ese retraso hizo virtualmente imposible el rescate de muchos pasajeros mediante los botes salvavidas. Algunas personas saltaron al mar, mientras que otras debieron esperar a que llegaran los helicópteros de salvamento. Fue necesario cortar las amarras de algunos botes con un hacha.

"Tuvimos que gritar a los controladores para que soltaran los botes desde el costado", dijo Mike van Dijk, de Pretoria, Sudáfrica. "Fue un caos total".

Van Dijk dijo que el bote al que subió —que estaba colocado a babor_, se atoró en la pared del barco mientras lo descendían.

"El sonido, los chasquidos, eran infernales", relató.

Costa Crociera SpA, propiedad de la gigante Carnival Corp., con sede en Estados Unidos, defendió las medidas tomadas por la tripulación y aseguró que cooperaba con las investigaciones. Carnival Corp. emitió un comunicado en el que expresó su solidaridad pero no abordó las acusaciones de que la evacuación resultó demorada.

El capitán Francesco Schettino fue detenido por la fiscalía, que lo interrogaba. Se le investigará por presunto homicidio involuntario, abandonar el barco antes de que salieran todos los demás y causar un naufragio, informaron la televisión estatal y Sky TV. El fiscal Francesco Verusio dijo a medios nacionales que Schettino eligió deliberadamente una ruta que, sabía, pasaba muy cerca de la costa.

Unas 30 personas resultaron heridas, dos de gravedad.

Los buzos habían buscado en la panza sumergida del barco a las decenas de pasajeros que seguían en la lista de desaparecidos. El sábado por la noche, una cuadrilla rescató a dos pasajeros en un camarote, y procedía a sacarlos. Ambos estaban vivos y en buenas condiciones.

Los problemas sobrevinieron al comienzo de la cena en el comedor de dos pisos del crucero. Los pasajeros refirieron que las charolas de plata, las copas y los vasos cayeron frente a ellos, al caer desde el balcón del nivel superior. Los niños comenzaron a llorar y los pasillos en penumbra se empinaron.

Presas del pánico, los pasajeros corrían, resbalando con los vidrios rotos, mientras las luces se apagaban por completo y los tripulantes insistían en que no había peligro alguno.

"¿Han visto 'Titanic'? Eso era exactamente", relató Valerie Ananias, de 31 años y profesora en Los Angeles, que viajaba con su hermana y sus padres en el primero de dos cruceros que tomarían por el Mediterráneo. Todos ellos tenían moretones en las rodillas por el esfuerzo de arrastrarse por pasillos y huecos de escaleras casi verticales para llegar a los botes de rescate.

"Nos arrastramos por un pasillo, en la oscuridad, guiados únicamente por los destellos del chaleco salvavidas", dijo su madre, Georgia Ananias, de 61 años. "Podíamos oír que se estrellaban platos y trastos; la gente se azotaba en las paredes".

Las palabras se le entrecortaron por las lágrimas cuando recordó el momento en que una pareja argentina les entregaba a su hija de 3 años debido a que no podían mantener el equilibrio mientras el barco se inclinaba, y la familia estaba de pie en una pared.

"El dijo: 'tomen a mi nena''', dijo Ananias mientras entre lágrimas se cubría la boca con una mano. "Tomé a la nena. Pero entonces yo era empujada. No quería que la niña cayera por las escaleras. Se las regresé. Yo no podía sostenerla".

"Me pregunto dónde estarán", dijo Valerie en voz baja.

La familia afirmó que fueron unos de los últimos en salir del barco, y que bajaron meneándose por una cuerda en la parte descubierta del barco para esperar a un bote de rescate.

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Los periodistas de la AP, David Stringer, en Londres; Franklin Briceño, en Lima, y Curt Anderson, en Miami, contribuyeron con este despacho.

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